Nos gustan las sensaciones que nos provocan las películas de terror pero ¿qué pasaría si eso lo trasladásemos a un escenario real?
Un paseo entre las sombras de los ángeles por el cementerio o recorrer los pasillos de un hospital abandonado rodeado de los susurros del viento. Solo tienes que dejar aparcado en la puerta tu parte racional y ver, oír y sobre todo sentir la experiencia tal y como la vive un niño y a la salida puedes volver a colocarte tu traje de adulto escéptico, o no.